Xi'an y las adorables cajeras ecuatorianas

Luego de habeer pasado un par de dias en Beijing, tomamos un vuelo a la varias veces capital del imperio, Xi'an. Como la mayoría de aeropuertos el de Xi'an queda algo lejos de la ciudad, así que tuvimos que coger un shuttle hacia el centro. Luego de alrededor de una hora el bus nos dejó a la puertas de un hotel de donde tratamos de encontrar quien nos llevara hasta nuestro hotel. 

Luego de varios fallidos intentos además de haber intentado conseguir una van a través de Didi, la contraparte de Uber en China (de hecho hoy poy hoy propietario de Uber en China), decidí alejarme del grupo y tratar de parar un taxi por mi cuenta. Tuve suerte y me paró un taxi pequeño y vetusto, y es que Xi'an es una ciudad que aunque muy turística por los famosos Soldados de Terracota, es aún una ciudad (relativamente) pequeña sin aquellos taxis de lujo de Hong Kong o Shanghai. Cogí desprevenido al taxista que en cuestión de segundos vió su taxi repleto de gente y maletas de todos los tamaños y colores hasta la coronilla. Sin mas remedio y con una sonrisa de medio haber sido estafado nos condujó hasta el hotel que resultó no estar mas que un par de cuadras mas allá.

Esa misma tarde salimos con detino a la Gran Muralla de Xi'an, muralla construída y reconstruída varias veces por distintos señores feudales. En el camino; sin embargo, nos detuvimos en un banco (el Bank of China) en donde Gonzalo cambió algunos dólares a Yuanes. La operación les dejó muy en claro a mis huéspedes que para hacer las cosas en China hace falta tiempo y muchísima paciencia. Cambiar un par de cientos de dólares tomó casi una hora.

Nota: El maravilloso efecto de decirse a si mismo "Yo puedo"

Uno entra al banco, o a cualquier otro lugar, en el cual la gente habla poco o nada de inglés. El miedo se apodera de los cajeros ante la expectativa de hacer el ridículo al no poderse comunicar con el Gringo. Tratan de barajarse al extranjero de una caja a otra, inclusive intentan enviarlo a otra ventanilla de servicios (el florón de mis manos ya pasó), para no exponerse a perder la cara. El hecho es que todo el mundo en el banco puso el "setting" de su cerebro en "no puedo" hablar inglés, no puedo comunicarme con este cliente.

Una vez que el gringo comienza a hablar las cosas pueden tomar uno de dos caminos. Si el gringo habla chino, la gente se descompone, se aturde por un momento, se rie, y finalmente regresa a su estado original de no tratar mas de lo usual - tratemoslo como a un chino mas, "dejemos que el gringo haga el esfuerzo" para obtener lo que quiere. La transacción toma decadas y desemboca en frustración, angustia y eventualmente rabia. La segunda opción es que el gringo entra hablando inglés y hace gestos de "no entiendo ni mier...a" a todo cuantro le dicen, y añade un ligero tinte de enojo en su rostro. El cajero no tiene mas opción que darse modos para dar trámite al asunto lo mas rapidamente posible, de modo que las oportunidades de tener que comunicarse con el gringo sean solo las estrictamente necesarias. Cambiar divisas no es ninguna ciencia, requiere un número de pasos estándar, es un atransacción facill de deducir con solo ver al gringo con dólares en la mano. 

La verdad es que la mente trabaja casi de la misma manera sin importar raza, religión o nacionalidad. Pero es también verdad que donde el gobierno maneja las cosas, la calidad de los bienes y servicios es simplemente corrosiva. 

Luego de esta experiencia estoy seguro que nunca mas verán a las cajeras de los bancos en Ecuador con los mismos ojos. En Ecuador, y seguramente en muchas otras partes del mundo las líneas en frente de cada caja son extensas, pero se mueven. Gloria a Dios por nuestras cajeras (y cajeros).